PRIMERA ESTACA EN ARGENTINA

EL 20 DE NOVIEMBRE DE 1966 SE ORGANIZÓ LA PRIMERA ESTACA EN ARGENTINA. EL ELDER SPENCER W. KIMBALL PRESIDIÓ LA CONFERENCIA EN LA CAPILLA DE CASEROS DONDE FUERON LLAMADOS ÁNGEL ABREA COMO PRESIDENTE Y HUGO ÁNGEL CATRÓN Y JUAN CARLOS ÁVILA COMO SUS CONSEJEROS.


LA PRIMERA ESTACA DE HABLA HISPÁNICA EN SUDAMÉRICA

Por Alicia Ruth Etenberg
Barrio nro. 6 – Misión Argentina

“Con la misma fe, amor y ansiedad con que esperan los padres un hijo, así aguardamos todos los miembros argentinos, la formación de la primera Estaca de Sión en Buenos Aires; pero la espera no fue pasiva, sino el fruto de años de preparación y trabajo.
El domingo 20 de noviembre de 1966, concurrían a Caseros, hermanos de Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Rosario, Mendoza, etc. Para asistir a tan extraordinaria reunión, la que todos sabíamos, sería “única” y permanecería grabada en nuestro corazón.
Tuvimos la enorme bendición de gozar de la presencia del apóstol Spencer W. Kimball, y del Ayudante del Consejo de los Doce, Franklin D. Richards. Brindaron su colaboración el Presidente de la Misión Argentina, Rex N. Terry y el Presidente de la Misión Argentina Norte, Richard G. Scott. Escuchamos sus inspiradas palabras, percibiendo la profundidad de su mirada, impregnándonos de su jovial espíritu, sentimos que realmente estamos en la verdad, y valoramos esta gran bendición, dando gracias por ello.
La primera sesión de la conferencia comenzó a las 10 hs., presidida por el élder Kimball, a quién acompañaba su esposa, con una concurrencia aproximada de 1.400 personas. El presidente Rex N. Terry dirigió esta reunión. Después de la primera oración ofrecida por el hermano Gianfelice, un coro compuesto por los misioneros y misioneras, y dirigido por el élder Dale Cluff, entonó trozos de dos himnos.
Nuestro espíritu seguía elevándose y casi ya no cabía en nosotros, cuando se cedió el tiempo al élder Kimball para que organizara la estaca. ¡Había llegado el momento!”.
Se pidió la aprobación para la disolución de los distritos Central y Buenos Aires, solicitándose entonces el sostenimiento para la formación de la estaca, con el nombre de Estaca de Buenos Aires. Fueron unánimemente sostenidas las autoridades de esta organización: Ángel Abre, Presidente, Hugo Catrón, Primer Consejero y Juan C. Ávila, Segundo Consejero. Todos los llamamientos fueron sostenidos con emoción; gozamos levantando nuestras manos, elevando con ellas nuestro corazón, mientras nos prometíamos “apoyar la organización activamente”. Se sació así la expectativa por saber quiénes serían las nuevas autoridades, y quedaron ya formados los siete barrios: Buenos Aires I, en el que combinaron las Ramas de Liniers y Ezeiza, y cuyo obispo es Antonino Gianfelice, Buenos Aires II, que es una combinación de las Ramas de Villa Sarmiento y parte de la Rama de Castelar, con Emilio Vergelli como obispo. Buenos Aires III, que incluye la Rama de Merlo y el resto de la Rama de Castelar, y cuyo obispo es Orlando Barrello. Buenos Aires IV, que incluye las Ramas de Caseros, Villa Ballester y parte de Villa Pueyrredón, y cuyo obispo es Juan Carlos Citadinni. Buenos Aires V, formado por las Ramas de Vicente López y San Fernando, y con Egeo Gabasa como obispo. Buenos Aires VI, que incluye las Ramas de Belgrano, el resto de Villa Pueyrredón y parte de San Telmo, y con Francisco José Herrera como obispo. Buenos Aires VII, formado por la Rama de Floresta y parte de San Telmo, con Miguel A. Ávila como obispo.
Casi la mitad de la concurrencia almorzó en la capilla, gracias a la comida preparada para tal efecto por las hermanas de la Sociedad de Socorro. Los hermanos, ubicados bajo el sol que brillaba con todo esplendor conversaron apaciblemente, respetando el día del Señor, y logrando así una especial camaradería, envueltos en su espíritu.
Así hermanados, aguardamos la segunda sesión de la conferencia, deseosos de escuchar los mensajes de nuestros líderes. Esta comenzó a las 16 hs. y fue dirigida por el presidente Ángel Abrea. El hermano Abrea nació el 13 de septiembre de 1933. Su vida transcurrió dentro de la Iglesia, bajo el ejemplo firme y dedicado de su madre y las enseñanzas de las maestras de la Primaria. Se bautizó en noviembre de 1944. En 1952 fue llamado a ser Segundo Consejero del Distrito Central, habiendo sido previamente secretario de dicho distrito. En el año 1957 se desempeñó como Primer Consejero de la A.M.M. de la Misión, contrayendo enlace el 4 de julio del mismo año, con María Victoria Giapparino. En el mes de noviembre se hizo cargo de la Presidencia de la Rama de Caseros (época en que se construyó la capilla nueva), hasta 1962 en que se le llamó para ser Presidente del Distrito Central. Desde 1963 al 65 fue Presidente del Distrito de Buenos Aires; y trabajó como Segundo Consejero en la Presidencia de la Misión desde junio a noviembre de 1966, fecha en que fue llamado a ser Presidente de la Estaca de Buenos Aires. En su inspirado mensaje, el cual evidenciaba su humildad, dejó traslucir el amor que siente por el Señor, y la fidelidad, constancia y fuerza con las que desea servirle. Destacó con gratitud la guía recibida de su madre en todo momento, y la felicidad y comprensión que encuentra en su amante y dedicada esposa y en el cariño de sus tres niñas. Desbordada de sentimiento, y su testimonio fue para nosotros un ejemplo de amor, de perseverancia, de lucha indeclinable y firme.
El hermano Hugo Catrón, Primer Consejero, expresó su testimonio con agradecimiento infinito. Nació el 9 de agosto de 1935, entrando en las aguas bautismales el 4 de mayo de 1957.En 1958 salió como misionero proselitista, desarrollando una amplia labor en Rosario, San Nicolás, Mercedes, Caseros, Floresta, siento luego élder viajante, lo que actualmente es un consejero de zona. Terminada con éxito su misión, fue llamado a ser Primer Consejero del Distrito Sureño. En 1962 se casó con María Surache, y tienen dos hijos: una niña de tres años y un niño de dos. Fue luego progresando en sus llamamientos, desempeñándose como Presidente de la Rama de Mar del Plata, Presidente del Distrito Sureño, hasta 1964, año en el que fue llamado a ser Primer Consejero de la Misión, hasta noviembre de 1966, cuando recibió el llamamiento del élder Kimball para ser Primer Consejero de la Estaca de Buenos Aires.
El hermano Catrón expresó en su testimonio la absoluta convicción de que Dios vive y contesta las oraciones sinceras de sus hijos. Prometió aconsejar, ayudar y apoyar al presidente Abrea con todo su corazón, y dijo que profesaba un sentimiento especial hacia este líder y tiene la seguridad de que es el hombre realmente escogido para desempeñar y dignificar este llamamiento.
El hermano Juan C. Ávila es el Segundo Consejero de la Estaca. Nació el 12 de diciembre de 1928. El 19 de octubre de 1940 se unió a la Iglesia; de 1950 a 1952 realizó su obra como misionero proselitista, desempeñándose como Presidente de la Rama Rosario Centro y permaneciendo luego cuatro meses en Tandil y otro tanto en San Nicolás. Durante tres años (1952-1955) fue Presidente de la Rama de Floresta, hasta que recibió el llamamiento para ser el Primer Consejero del presidente Valentine; siguió en el mismo cargo con el presidente Lorin Pace y luego como Segundo Consejero en la Misión, con el presidente Snelgrove. El 7 de febrero de 1958, se casó con Herminia Bonina, miembro de la Iglesia desde pequeña, y tienen tres niños de ocho, cinco y dos años. Con Arthur Strong, el hermano Ávila trabajó como Primer Consejero de la Misión. El hermano Gianfelice, lo llamó para ser miembro asesor del Distrito Central, y después de actuar como Segundo Consejero en el Distrito Central y después de actuar como Segundo Consejero en el mismo Distrito, recibió el llamamiento de Segundo Consejero de la Estaca de Buenos Aires.
En su cálido testimonio, recordó algunos eventos de su vida en la Iglesia, los cuales conmovieron a la congregación, dejando percibir su fortaleza espiritual, su humildad y su amor. Aseguró su ayuda constante y firme para colaborar en el crecimiento del Reino Celestial aquí en la tierra; este gran hermano destila franqueza y humildad.
El presidente Terry nos exhortó especialmente a que apoyáramos a los directores de la Estaca con todo amor y buena voluntad, aceptando las responsabilidades a otorgarse, con firmeza, convicción y un deseo sincero de servir al Señor. Su mensaje y testimonio fueron verdadera instrucción espiritual.
También gozamos de inspiradísimos mensajes dados por otras autoridades de la Iglesia. Nos visitaron otros presidentes, como el Presidente de la Misión Argentina Norte, hermano Richard G. Scott, quien hizo hincapié en la obra proselitista: “no es que Dios ya no exista, sino que el hombre se ha alejado de Él”.
El élder Richards, dejó su testimonio y un mensaje conmovedor y fuerte al mismo tiempo. Este líder evidencia un vasto conocimiento de las Escrituras, y la aplicación de las mismas en nuestras vidas diarias. Su mensaje no se borrará jamás de nuestro corazón.
Finalmente, habló el élder Kimball. Goza de una amabilidad, sencillez y claridad de expresión extraordinarias. Se refirió a nuestro país, desde las bellezas naturales hasta la gran capacidad espiritual de sus habitantes. Dio la seguridad que tienen en cuanto a la capacidad de los líderes llamados, y el desarrollo y progreso que tendrá la Estaca de Buenos Aires. Estableció un paralelo con el mundo antiguo: los romanos eran grandes y fuertes y fueron los dueños, gracias a sus legiones. Nosotros tenemos “grandeza y fortaleza espiritual” y podemos vencer, sacando al mundo del error. Nuestras legiones o armas son aún más poderosas; las estacas, por ejemplo, son un gran medio, y las organizamos después de luchar, trabajar, participar con fe, testimonio y perseverancia para llegar a la perfección. Expresó su certeza de que América es la Tierra Prometida.
Cerró la conferencia el coro del ex – Distrito Buenos Aires, con la colaboración del coro de la antigua Rama de Belgrano, dirigidos por el hermano Rosado. Sus voces hicieron vibrar el aire armoniosamente, dando además un matiz de fuerza con el Himno de la Batalla de la República.
La estaca ha quedado organizada ya, pero hay que comenzar a trabajar con amor y humildad, elevando constante e incansablemente nuestras oraciones al Señor."

Referencia: Artículo publicado en la Revista Liahona de marzo de 1967, páginas 72-75.

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